martes, 20 de mayo de 2008

Todavía no puedo perdonar

Necesito hablar con vosotros, los que desde vuestras casas y sin que os vea las caras ni sepa siquiera de vuestra existencia, leais estas lineas.
Necesito contar lo que he sufrido. Ya se que todos buscamos los blogs con comentarios graciosos, que nos hagan reir, y que normalmente la gente detesta escuchar las desgracias ajenas, pero este canal tiene la ventaja de que el que no quiere penas, con un simple clik... a otra cosa.

He leido mucho sobre los perversos narcisistas, así que sumando esto a la desgraciada circunstancia de haber convivido con uno de ellos durante diez u once años, me ha hecho ser toda una experta.
La mayoría de las personas, convierten inconscientemente a la víctima en culpable, (cuántas veces hemos oído decir sobre las mujeres maltratadas, por ejemplo; "por algo habrá mantenido tanto tiempo esa situación" , o; "¡conmigo tenía que haber topado!...") Así que esta mañana me ha encantado leer en Internet una entrvista a una psicóloga especializada en el tema, que dice que no hace falta tener un perfil concreto para caer en las garras de uno de estos monstruos, sino que tener buenas cualidades, en cualquier sentido, pero fundamentalmente el ser una persona empática, es suficiente para ser una presa deseada por ellos con fruición.
Y es que ellos carecen casi absolutamente de empatía, así, pueden verte llorar sin  inmutarse, disfrutando secretamente de verte vencido. El sometimiento total y absoluto de su víctima es su fin y debe ser para ellos algo cercano al extásis, constatar su pérdida de fuerzas, su tristeza, su rendición.
Hacen fuera de sus casas continuamente una pantomima, se esfuerzan muchísimo en ser amables, en actuar tan altruistamente a veces, que resulta hasta excesivo, en hacer amigos inmediatamente y abrir sus casa con una generosidad que dista mucho de ser real. 
Pero ellos se saben cercenados e incompletos y tu empatía es lo que mas envidian en la vida. Querrían ser lo amables que les parecen a los de fuera, pero solo ellos y sus pobres víctimas saben que en realidad odian tener que hacer ese papel con los ajenos y no poder, de ninguna manera hacerse querer de su propia familia. 

Quizá para no ser tan dura como mi verdugo tendría que decir que él es también una víctima que al fin y al cabo sufre por no saber ser feliz, pero no lo digo. Primero por el respeto y la lealtad a mí misma que me debo, y después porque a ciertas edades de la más plena madurez ya se ha tenido tiempo en la vida de rectificar un problema tan grande, aunque solo sea por los demás.

¡Nosotros se lo hemos pedido tanto!

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