No tenemos posibilidades de quejarnos de este trato ante nadie; Ellos son LA LEY, por tanto, aqui se acaba la historia. Tanto si no te dejan expresarte, como si se permite a los abogados perderle el respeto a los litigantes, como si el juez va a decidir sobre tu vida y la de tus hijos en el momento que le ha quedado libre en el día de hoy... Estamos en sus manos.
Ahora yo me he puesto en manos de Dios, por si acaso, por si Él está en alguna parte y quisiera ampararnos un poco, por si desea que de verdad se haga justicia, por si quiere que volvamos a retomar la humanidad de los asuntos de los que están hechos la vida de los hombres.